Puede que su nombre no sea tan famoso como el de Tony Stark, pero trasladar a la vida real el desarrollo, la creación y la fabricación de brazos robóticos, más que científico, es humano. La historia del boliviano Roly Mamani es innovadora e inspiradora.
Mamani es un ingeniero electrónico de 32 años que desde los seis se interesó por la robótica. Fue entrevistado por América Futura, un segmento del sitio web de El País, al que le confesó su “amor” por los leds. Su curiosidad por saber cómo enciende una luz, su deseo de tener más juguetes y saber qué se puede hacer con los cables lo motivó.
El experto en robótica fundó junto a su hermano Juan Carlos, fisioterapeuta, la empresa Robotics Creators, con el objetivo de “no sentir impotencia y ayudar a las personas que perdieron alguna extremidad o la movilidad de alguna de ellas”. El taller se ubica en Achocalla, una pequeña localidad lejos de la ciudad.
Roly Mamani habló sobre la falta de soluciones en Bolivia: “Me doy cuenta en un punto que si no llevamos este conocimiento a una transición que realmente sirva, no tiene mucho sentido. Cuando yo estaba en la universidad veía y muchas veces me he preguntado por qué no hay soluciones en esta área en nuestro país”.
“En una de esas y en base a la experiencia y el conocimiento que obtuvimos, nos hemos atrevido justamente con mi hermano a poder brindar una solución para una persona con amputación transradial haciendo uso de la impresión en 3D”, afirma Mamani.
Roly Mamani cambia vidas
Don Felipe es una de tantas personas ayudadas por Robotics Creators. Es un agricultor de 75 años que cuando tenía 30 perdió ambas manos y parte de sus antebrazos tras un accidente con dinamita.
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