LAS ANTIGUAS CALLES DE LA CIUDAD

En éste año cuando se conmemoran los 200 años de haberse proclamado la Independencia del Reino Guatemala de la Corona de España , de habérsele otorgado a la Villa de San Miguel de Tegucigalpa el titulo de noble y leal ciudad y de haberse inaugurado el primer puente que salvando las aguas del Río Grande unió a Comayagüela con Tegucigalpa, queremos remontamos a ése pasado y relatar lo que hicieron los primeros Alcaldes Mayores del Real de Minas, aprovechando el espacio vital que discurría en la cuenca del Río Grande entre los cerros de «El Berrinche» y «El Sapusuca» (Picacho) , «Triquilapa» y «La Montafilta» y más allá en la plenaria de la Comayagua de los Indios (Comayagtlela) obligando a los primeros habitantes a concentrarse en lo que hoy conocemos como el centro histórico desde el Barrio Abajo hasta La Plazuela, desde la subida a El Picacho hasta La Ronda, desde La Joya (Hoya) hasta El Jazmín y poco a poco desde la orilla del Río Grande donde en 1921 se inauguró el Puente Mallol (FOTO 1) , hasta la ribera del río Guacerique.

Durmiéndose en el tiempo, la Tegucigalpa de nuestros recuerdos la encontramos en nuestra niñez y juventud, con la huella colonial de sus viejos edificios, casas de adobe de alerones con techos de tejas, otras de ladrillo y de piedra con sus decoradas cornisas , estrechas calles empedradas, callejones que semejaban escaleras pronunciadas de piedra que permitían llegar a las partes altas de la ciudad, callejuelas de tierra por donde rodaban las carretas tiradas por bueyes, mulas, caballos y asnos que eran cargados o jineteados como medio de transporte (FOTO 2) y desde 1920 muy esporádicamente los modelos de automóviles que hacían sonar sus claxon para anunciar su desplazamiento y hacer los giros en los incómodos recovecos de sus esquinas.
Ese encanto de la vieja Tegucigalpa se prendió en la retina de nuestros ojos y cuando observamos fotografías como las que hoy publicamos, vuelan nuestros recuerdos bada aquel pretérito cuando las calles eran empedradas, de tierra y a partir de 1941 las adoquinadas con piedra de nuestras canteras.

En el centro de la ciudad mulas cargadas pasando por la recordada esquina de Chinda Díaz.

Así recordamos la «Cuesta del Río» (FOTO 3) estrecha calle que comunicaba al Mallol con la Plaza de La Merced.- Hacia la derecha, donde hoy está el edificio del Banco Central que recientemente ocupó la Cancillería, en la esquina de ese edificio estuvieron las oficinas de la TACA, contiguo una vieja casa con acera alta donde vivió y tenía su biblioteca Don León Vázquez en la que estudió en su juventud Don Francisco Morazin.- A la Izquierda el inmueble que fue sede hasta 1919 del Poder Ejecutivo y al centro el Salón de Sesiones del Congreso Nacional en la segunda planta de lo que fue la Escuela de Cabos y Sargentos, sitio en el cual hoy funciona el Palacio Legislativo.

Tan vieja como Tegucigalpa es la «Calle de los Horcones» (FOTO 4) que data de los primeros afios del siglo XVI abierta por los primeros pobladores que se instalaron desde el Convento de San Diego (San Francisco) hasta la orilla del Río Chiquito en La Plazuela, sugestivo nombre porque la mayoría de las casas sostenían los aleros de las edificaciones de adobe y bahareque con columnas rústicas de madera en forma de horquetas, hoy en ese lugar no hay vestigios de aquella típica calle tegucigalpense.

Recordamos en ese pasado de la capital hondureña, «La Pedrera», calle en cuesta hacia el Parque La Leona que nos hace evocar la sinuosa vía que comenzaba frente a la casa de Don Justo Umatia y terminaba en la última vuelta donde se encontraban unas gradas de hierro por las que llegábamos al elevado jardín donde en los años veinte del siglo pasado se erigió una estatua del Gral. Manuel Bonilla.- Desde esas gradas se tomó la gráfica
que muestra la empedrada calle por la que se desplazaban los asnos y las mulas cargando leña y mercadería, conectando con un polvoriento sendero que conducía a los Barrios El Edén y El Bosque (FOTO 5).

La cuesta del Río al fondo el Río Grande y un sector Ribereño de Comayagüela.

Conocida primero en tiempo de la colonia como la Calle del Resucitado, después como la «Calle del Comercio» y que en la nomenclatura de los afios cuarenta se le dio el nombre de -Calle Simón Bolívar», tramo desde la Plaza La Merced hasta el Parque Central (FOTO 6) tenía a ambos lados una serie de negocios que iban desde bazares, farmacias, centros de recreo, bares y cafeterías, la primera ferretería de Tegucigalpa, calle que por muchos años constituyó el nervio comercial de la capital hondureña.

En tiempo de la Colonia, la calle trazada desde la orilla del Río Chiquito en La Plazuela hasta el Barrio La Moncada se le conoció como «La Calle de los Naranjos», después y a principios del Siglo XX, como la calle del centro hasta que en los años treinta se le bautizó como Avenida Cervantes en honor al inmortal autor del Quijote de la Mancha (FOTO 7). Otro recuerdo la calle de La Ronda hoy Avenida Máximo Jérez, la calle de «Las Damas», la «Calle de Las Vacas»,

«Casamata» desde el barrio de dicho nombre hasta el viejo hospital Viera del Dr. Nutter, «El Jazmín», «Avenida Gutenberg» o calle de El Guanacaste„ la cuesta Lempira (FOTO 8) empinada ruta que permitía llegar a la Leona desde el Barrio Abajo, la calle de Buenos Aires que después de llegar hasta la Iglesia de San José de la Montaña comenzaba un serpenteado sendero hasta El Edén donde lo quebrado del terreno sólo permitió la apertura de una vía con pronunciadas vueltas como la del «perro ahorcado»,

Con sólo cuatro avenidas orientadas de oriente a poniente, la Cervantes, la Colón, la Paz Baraona y la Máximo Jérez, Tegucigalpa contaba con cortas y estrechas calles como las tres de La Hoya y una de ellas que terminaba en un barranco que dio paso a la construcción de las gradas que dan acceso a la calle lateral del viejo edificio de la Tipografía Nacional (FOTO 9) que en la época de la colonia fue la Casa de la Moneda.

Otro de los encantos de la vieja Tegucigalpa eran los callejones como el de Belluci, el de la Alambra en La Leona, el del Olvido, el de Tierra Colorada, la Cabaña y los que desembocaban con gradas o senderos empedrados desde las partes altas al Barrio La Ronda, el Callejón Casco en el propio centro de la capital, el callejón Castillo Barahona y uno que paralelo a la Calle del Guanacaste se habilitó para comunicar a ese barrio con Casamata desde la casa de la familia Zepeda pasando por el edificio que ocupaba la escuela José Trinidad Cabañas y la que se conocía como la «Calle de Atrás».- Para comunicar la parte baja de Buenos Aires con el Barrio Las Delicias, un corto y empinado tramo conocido como la cuesta de «La Balbina».

Aquellas calles tegucigalpenses, empedradas, de tierra o adoquinadas, permanecían en buen estado, tiempos aquellos cuando vecinos y autoridades se preocupaban por la limpieza de las mismas hoy sólo nos toca verlas descuidadas y abrir la boca en la periferia ante los pasos a desnivel.

Hasta la próxima semana.

Fuente

About admin

Check Also

Wow, Actor Dev Patel Recently Helped Break Up A Real-Life Knife Fight

Actor Dev Patel has been in a lot of intense movies where he made his …

PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com
X