¿Sabías que…?

Solón, Clístenes y el debate sobre la ‘paternidad’ de la Democracia en Atenas

El legado de los antiguos griegos es inmenso. Su teatro, la filosofía, la medicina e incluso la lengua han sobrevivido de alguna forma u otra hasta nuestros tiempos. No obstante, de todas las innovaciones que los griegos nos han dejado, el sistema político de la democracia es, sin duda, el más conocido. Hoy en día oímos referencias a la democracia Ateniense de forma constante, como paradigma de la libertad política de la nación.

Estas referencias suelen dirigirse a la época de Pericles, a mediados de siglo V a.C., cuando el sistema democrático alcanzó su máximo esplendor, o radicalidad, según se vea. En el presente artículo no vamos a centrarnos tanto en la democracia afianzada como en su creación y desarrollo hasta el inicio del siglo V a.C. Para esto trataremos a personajes tan importantes como Solón, Pisístrato el tirano, y Clístenes, con el objetivo de establecer unas ideas generales sobre cómo se desarrolló este sistema político y quién podemos considerar el “padre de la democracia ateniense”.

En el pasado hemos analizado cuestiones muy importantes sobre la Antigua Grecia y Macedonia, como su forma de hacer la guerra frente a las legiones manipulares. Y aspectos más culturales como el boxeo en la Antigua Grecia.

Antes de Solón

Hacia finales de siglo VII a.C., Atenas era gobernada por una aristocracia que se repartía el poder mediante el acaparamiento de las magistraturas e instituciones del estado. Estos aristócratas eran conocidos como los eupatridai (en español “los bien nacidos”), y pugnaban entre ellos por el control de la ciudad que antaño fue gobernada por reyes.

Esta monarquía ateniense desapareció, según expertos, de forma pacífica, posiblemente mediante un pacto entre los aristócratas y el rey por el cual este y sus sucesores servirían como arcontes de por vida, pacto que duró varias generaciones pero que acabó por quedar obsoleto, y la monarquía pasó al plano semi-mitológico (CAH III.III², ch. 43, pp. 364-365). Los arcontes que he mencionado eran los máximos magistrados de la ciudad de Atenas, y servían como sus dirigentes. En un principio eran 3, pero más tarde se añadieron otros 6 de menor importancia, llegando el número a 9; entre todos los arcontes, el más importante era el arconte epónimo (Aris. Ath. Pol. 3.4).

Desde la desaparición de la monarquía y hasta las reformas de Solón, los arcontes eran elegidos por nombramiento interno entre los eupatridai, quienes servían 1 año y a continuación pasaban a formar parte del Areópago, una suerte de Consejo de ancianos o Senado Ateniense cuyos poderes nunca han estado muy claros (Aris. Ath. Pol. 8.2 y 8.4). De este modo, controlando el arcontado y el Areópago, la aristocracia ateniense mantenía un régimen oligárquico en la ciudad.

Templo dedicado a Hera en Agrigento, Magna Grecia.

No obstante, la estabilidad política de Atenas se resquebrajaba poco a poco debido a las fricciones entre la población rica (los aristócratas) y los pobres, y estas tensiones se intensificaban con el paso del tiempo, que no hacía más que demostrar la ineficacia de la oligarquía. La razón por la que la aristocracia y el pueblo estaban enfrentados se ha atribuido a la práctica de la esclavitud por deudas. Cuando una persona contraía una deuda y no podía pagarla de vuelta (normalmente alguien pobre), la ley establecía que, como castigo/compensación, este quedaba como esclavo de su acreedor (Aris. Ath. Pol. 2.1-2). La situación era insoportable para las clases bajas de Atenas, que se veían completamente privadas de su libertad personal (Weber 1979, pp. 303-4), además de su ya inexistente libertad política. Pero lejos de ser beneficiosa para los eupatridai, este estado de las cosas era también sumamente perjudicial para los propios aristócratas por diversas razones.

Para empezar, el hecho de que los ciudadanos estuviesen esclavizados hacía imposible mantener las relaciones de patrón-cliente que en la antigüedad sustentaban gran parte de la estabilidad social (Stahl & Walter in Raaflaub & van Wees 2009, p. 194). Los aristócratas no podían competir entre ellos por el favor popular si el pueblo era esclavo, y su estatus como patrones de los ciudadanos resultaba ridículo si estos habían permitido tal situación. De tal forma que, poco a poco, el tejido de las estructuras sociales tradicionales se iba debilitando hasta dejar a un pueblo enfrentado contra la clase dirigente. Pero este no era el único problema al que se enfrentaban los aristócratas.

La pérdida de popularidad de los eupatridai hacía que la idea de que un tirano se hiciese con el poder y arreglase la situación resultase atractiva para los ya marginados políticamente (Plut. Vida de Solón 13.2), idea que casi llegó a convertirse en realidad cuando Cilón, un excampeón olímpico trató, sin éxito, de hacerse con el control de Atenas por la fuerza. Aunque Cilón no logró su objetivo, el simple hecho de que un intento de establecer una tiranía se hubiese llevado a cabo debió alarmar a los eupatridai.

Las reformas de Solón

Por tanto, podemos describir la situación de Atenas hacia finales de siglo VII a.C. como una de gran inestabilidad interna y debilidad de la clase dirigente, en la que los pobres estaban esclavizados por los ricos y poderosos, y en la que estos últimos temían lo que los primeros podrían hacer o a quién podrían apoyar en busca de una solución (Stanton 1990, p. 34). Finalmente, los aristócratas decidieron tomar cartas en el asunto y trataron de encontrar una forma de poner punto final a las tensiones internas.

En 594 a.C., los eupatridai, con la aprobación del pueblo, decidieron nombrar a Solón, un aristócrata, árbitro y arconte (diallakten kai archonta) y entregarle el gobierno para que restableciese el orden y reorganizase Atenas (Aris. Ath. Pol. 5.2; cronología: Diog. Laert. 1.62 y Parker in Shapiro 2007, p. 24). Un lector moderno podría interpretar este nombramiento como una especie de pseudo-tiranía a través de la cual se pretendía evitar una verdadera tiranía, mas los propios atenienses no lo veían así. Se trataba de una situación de urgencia que requería medidas drásticas, pero la fama de Solón le precedía; era considerado un aristócrata honesto y un enemigo acérrimo de la tiranía (Plut. Vida de Solón 14).

En su año como arconte, Solón llevó a cabo varias reformas de distinta índole. Entre las más importantes destaca la primera que pasó: la Seisachtheia. En español algo así como el alivio de deudas. Esta legislación implicaba o bien la cancelación de todas las deudas, o bien la liberación de los esclavizados por impago, así como la prohibición de esta medida de esclavizar a aquellos que no podían pagar sus deudas (Aris. Ath. Pol. 6; Stahl & Walter in Raaflaub & van Wess 2009, pp. 195-6).

Estatua de filósofo, quizás Plutarco. Museo arqueológico de Delfos, Grecia.

Mientras que estas medidas fueron bien recibidas y apreciadas por la población, los autores modernos consideran que trataban únicamente los síntomas y no las causas de la crisis ateniense, y que para verdaderamente acabar con los problemas económicos que asolaban a la ciudad, un reparto de tierras habría sido necesario (Parker in Shapiro 2007, p. 25). Aunque podemos estar de acuerdo con esta idea, un intento por parte de Solón de llevar a cabo una medida tan radical habría encontrado una resistencia difícil de superar.

Ya había sido necesario un gran nivel de concesiones por parte de los acreedores para eliminar las deudas, y la mayoría de estos, que también eran los propietarios de la mayor parte de las tierras, no habrían recibido bien una medida como el reparto de sus propiedades. Así que, dice Plutarco (Vida de Solón 16.1), la Seisachtheia acabó por granjearle a Solón el odio tanto de la aristocracia por haber eliminado las deudas, como el del pueblo por no haber repartido tierras, aunque acabarían por ver los beneficios de esta reforma.

Tras la Seisachtheia, Solón continuó con sus reformas. La preocupación por la importancia de la propiedad privada está claramente definida en las reformas solonianas (Osborne 2009, p. 207), y Solón no solo lo reflejaría en la abolición de la esclavitud por deudas. Mientras que sus reformas económicas fueron importantes, la verdadera clave del cambio que trajo Solón radicó en su reorganización política de la polis. Como bien hemos dicho antes, Solón era un aristócrata, y sus posturas pro-aristocráticas quedan bien reflejadas en los fragmentos de sus poemas en el capítulo 12 de la Athenaion Politeia de Aristóteles y en la Vida de Solón de Plutarco (18.4). Aquí vemos que Solón no pretende convertirse en un adalid de las ambiciones populares/populistas ni quitarle el poder a los eupatridai, sino que simplemente hizo que el poder recayese en manos no de un grupo de familias nobles, pero en el de los más ricos. Para esto, organizó a toda la población ateniense según las siguientes 4 clases de propietarios:

  • Pentakosiomedimnoi: aquellos que producían más de 500 medimnos (medida de volumen) de grano anuales.
  • Hippeis: 300-500 medimnos de grano anuales
  • Zeugitai: 200-300 medimnos de grano anuales.
  • Thetes: Menos de 200 medimnos de grano anuales.

La pertenencia a alguna de estas 4 clases definía la magnitud de participación política a la que podía llegar un ciudadano ateniense. Por ejemplo, solo las dos clases más altas podían acceder a las magistraturas más importantes del estado, como el arcontado, mientras que, si nos fijamos en la clase más baja, estos solo tenían derecho a participar en la asamblea y como jueces (CAH III.III², ch. 43, p. 385). De este modo, Atenas pasó de ser una ciudad gobernada por una aristocracia hereditaria dominada por familias nobles, a ser un estado que podríamos denominar plutocrático en cierta medida (CAH III.III², ch. 43, p. 386). No obstante, algunos autores modernos rechazan que el cambio fuese tan significativo, y que la fortuna personal siempre fue más importante que el nacimiento (Osborne 2009, pp. 208-9). Aun así, el hecho de que la pertenencia a una clase concreta definiese las magistraturas a las que por derecho podías o no optar otorga una importancia a este cambio que no debe pasarse por alto (Aris. Ath. Pol. 7.2).

La última reforma de Solón que vamos a mencionar es la de la creación del Consejo de los 400 (Boulé). Este Consejo estaba formado por 100 hombres de cada una de las clases anteriormente citadas, lo que claramente favorecía a los más ricos, pues la mayor parte de la población pertenecía a la clase más baja. Al Consejo Solón le dio el poder de debatir sobre toda la legislación que más tarde se propondría a la Asamblea (Ekklesía) para ser aprobada, quitándole estas prerrogativas al Areópago. Al traspasar este poder de un cuerpo esencialmente aristocrático en favor de una institución con tintes más democráticos (o al menos más representativos del pueblo), la nueva constitución de Solón da un primer paso importante hacia la democratización de Atenas (Aris. Ath. Pol. 41.2; Stahl & Walter in Raaflaub & van Wess 2009, p. 197).

Tumba del Nadador 480-470 a.C. Museo Arqueológico de Paestum.
Tumba del Nadador 480-470 a.C. Simposio representado en la pared norte.
Museo Arqueológico de Paestum.
imagen extraída de: http://almacendeclasicas.blogspot.com/2013/07/colonias-griegas-en-la-magna-grecia.html

No obstante, Atenas aun no era una democracia. Los motivos por los que las reformas de Solón no pueden considerarse como fundadoras de la democracia ateniense son 2 fundamentalmente: primero, la organización por riqueza impedía una representación justa del demos (pueblo); segundo, el Consejo de los 400 de Solón, con todo su poder, estaba dominado por la población más rica.

El Boulé era la institución más importante del estado, puesto que se encargaba de analizar, filtrar y debatir aquellas propuestas que posteriormente se presentarían en la Ekklesía (Aris. Pol. 1322b12-17), donde sí estaba representado el demos de forma igualitaria (1 persona, 1 voto). Una democracia es aquel modelo de estado en el que el demos (pueblo) ejerce kratos (fuerza/poder). Por lo tanto, si a través de las reformas de Solón el estado lo dominaba la población más rica a través de las instituciones, este tenía un carácter timocrático, más que democrático. Solón no es el padre de la democracia ateniense.

Solón terminó su programa de reformas, y antes de dar por finalizado su año de arconte, quiso asegurarse de que sus reformas se respetarían una vez él no estuviese en el poder, por lo que exhortó a toda la ciudadanía a realizar un juramento por el que mantendrían sus reformas intactas por un período de 10 años (Hdt. Historias 1.29). El régimen soloniano no duraría mucho, sin embargo, y poco después de terminar con sus reformas, Solón huyó de Atenas para evitar enfrentarse a aquellos que clamaban por más o distintas reformas (Aris. Ath. Pol. 11.1). Además, con la marcha de Solón, la situación de inestabilidad y de luchas internas volvieron a resurgir, esta vez acentuadas en la lucha entre la nobleza por el arcontado (Aris. Ath. Pol. 13.1-2).

Pisístrato y la tiranía

Con la Seisachtheia, Solón había liberado al campesinado, y la lucha política se centró entonces en la pugna entre la élite por el arcontado, lo que generó una división en tres facciones de la población ateniense. Estas eran: la facción pro-oligárquica, dirigida por Licurgo; la facción moderada, dirigida por Megacles; y la facción democrática, dirigida por Pisístrato (Aris. Ath. Pol. 13.4). La lucha entre estas facciones marcó la época post-soloniana. En el año 561 a.C., nos cuenta Aristóteles, Pisístrato se hirió a sí mismo con un cuchillo, tras lo cual se presentó en el Ágora y denunció que la herida la había sufrido a manos de sus enemigos políticos. Pidió entonces un grupo de guardaespaldas con garrotes para que le protegiesen, pero que utilizó enseguida para tomar la acrópolis y establecer una tiranía (Aris. Ath. Pol. 14.1-3). Se cuenta que Solón, ya un anciano, se puso su armadura de hoplita y trató de evitar este golpe de estado, pero no recibió apoyos suficientes.

hoplitas luchan entre sí sin formación cerrada

Este primer gobierno de Pisístrato fue calificado por Aristóteles y Heródoto como un gobierno justo, que se ajustó a la constitución sin cambiar las leyes. No obstante, duró muy poco, y en el mismo año en que se proclamó tirano fue depuesto por Megacles y Licurgo, que se unieron para enfrentarse a su enemigo común (Aris. Ath. Pol. 14.3; Hdt. Historias 1.59-60). Pisístrato tuvo que abandonar Atenas, pero pronto comenzó a buscar nuevos apoyos, y en 559 a.C., Megacles, líder de la facción moderada, le propuso una alianza matrimonial con su hija. Pisístrato volvió a Atenas y gobernó junto a sus nuevos aliados hasta 556 a.C., cuando fue expulsado de nuevo por no querer vivir con su nueva esposa (Aris. Ath. Pol. 15.1).

Con esta segunda expulsión, Pisístrato sí que se tuvo que ausentar de Atenas durante más tiempo. Durante 10 años estuvo buscando apoyos entre las ciudades-estado cercanas, recogiendo favores y dinero, además de seguidores (CAH III.III², ch. 44, pp. 398-399). Tras estos 10 años en el exilio, Pisístrato reunió sus tropas y en 546 a.C. tomó la ciudad de Atenas, instaurando una tiranía. Aristóteles caracterizó la tiranía como “más constitucional que tiránica” observando que el tirano dio préstamos a los pobres y demostró ser misericordioso ante sus enemigos (Aris. Ath. Pol. 16.2). También según Aristóteles, la tiranía de Pisístrato resultó beneficiosa para la gente, pues trajo paz y tranquilidad (Aris. Ath. Pol. 16.7) y mantuvo la constitución soloniana (Aris. Ath. Pol. 14.3). La forma que tenía Pisístrato de gobernar, según académicos modernos, era mediante el control sobre las tropas, que mantenían a la élite bajo su supervisión, dejándoles cierta libertad de competir entre ellos mientras respetasen los deseos del tirano (CAH III.III², ch. 44, pp. 406-407).

Pisístrato se mantuvo al frente de Atenas el resto de su vida, y cuando falleció en 527 a.C. le sucedieron sus hijos, Hipias e Hiparco. Mientras que su padre había mantenido un control soportable sobre la ciudad y los nobles, con la nueva pareja de tiranos la situación se volvió mucho más dura (Aris. Ath. Pol. 16.7). El resentimiento de la nobleza hacia los hermanos fue en aumento, hasta que finalmente se forjó una conspiración para asesinarles en 514 a.C. Los líderes de esta conspiración eran los amantes Harmodio (joven noble) y Aristogitón (hombre de ‘clase media’). La conspiración no salió como planearon, y soló cayó Hiparco, mientras que Hipias conservó la vida y mandó ejecutar a los conspiradores (Aris. Ath. Pol. 18; Thuc. 6.53-60). El dolor por la pérdida de su hermano provocó que el régimen de Hipias se volviese mucho más opresivo, y finalmente los atenienses pidieron ayuda a los espartanos para derrocar la tiranía.

La familia noble de los Alcmeónidas había sido forzada a exiliarse bajo la tiranía de los pisistrátidas, y aprovecharon la baja popularidad de Hipias a su favor. Bajo el liderazgo de Clístenes, los Alcmeónidas lograron obtener una profecía del oráculo de Delfos que instaba a los espartanos a liberar Atenas.

Imagen de el Partenón de Atenas, obra posterior al tema tratado en esta ocasión. Imagen de uso libre

Uno de los dos reyes de Esparta, Cleómenes, respondió a la llamada y, sin mucha dificultad, expulsó a Hipias de Atenas (Aris. Ath. Pol. 19). La situación política en Atenas pronto reflejó a la que se había dado tras la salida de Solón, con nuevas luchas aristocráticas, entre las que destacó la pugna entre Clístenes e Iságoras. Iságoras era un defensor de los derechos de los eupatridai, frente a la posición pro-demócrata de Clístenes. Viendo la enorme popularidad de este último, Iságoras pidió ayuda una vez más a Cleómenes, con quien mantenía relaciones de amistad. No obstante, el apoyo popular del que disfrutaba Clístenes acabó por decantar la balanza a favor del Alcmeónida, quien se posicionó al frente de la política ateniense en 508/7 a.C. (Thorley 2004, pp. 21-22).

Clístenes y la transformación de la democracia

La situación bajo la que se encontraba Clístenes en 508/7 a.C. era muy distinta a la de Solón casi 90 años antes. Mientras que a Solón se le otorgaron una serie de poderes formales (diallakten kai archonta), no hay evidencia de que lo mismo sucediese con Clístenes (Thorley 2004, p. 23). Lo más probable según algunos autores modernos es que no se le entregase la libertad de unilateralmente aprobar leyes según le pareciese, sino que tuvo que trabajar junto con otros políticos y con la aprobación del pueblo para crear una nueva constitución (de Ste Croix 2004, pp. 133-135).

El demos debía apoyar a Clístenes durante todo este proceso, el Alcmeónida no tenía ningún poder formal que le permitiese hacer y deshacer a su antojo, lo que nos indica que no actuaba por motivos personales, sino que realmente actuó con el objetivo de “establecer la democracia para los atenienses” (Hdt. Historias 6.131.1; Aris. Ath. Pol. 20.4; de Ste Croix 2004, pp. 135-136).

De entre todas las reformas que llevó a cabo Clístenes, nos vamos a centrar en las dos que más influyeron en la creación de la democracia: la división territorial de la población, y la reforma del Consejo (Boulé). Cuando Solón dividió a la ciudadanía ateniense, lo hizo bajo un criterio de propiedad y riqueza, creando 4 clases según las rentas anuales de trigo. Por su parte, Clístenes obvió por completo la riqueza de los ciudadanos a la hora de reorganizar Atenas y creó 10 tribus basadas en el territorio que ocupaban (Aris. Ath. Pol. 21.2).

Estas 10 tribus fueron subdivididas en 139 demoi, que pertenecían a su vez a las 30 tritís de la ciudad. La enorme complejidad de este sistema ha sido caracterizada por Thorley como una prueba del consenso que existía en Atenas de que era necesario crear un modelo que impidiese la vuelta a las luchas intestinas entre la aristocracia (Thorley 2004, p. 24). Además, el cambio de un sistema de división basado en la riqueza a uno organizado según el territorio estaba ocurriendo en otros lugares de Grecia, y autores como de Ste. Croix han afirmado que hay razones para creer que estos eran característicos del proceso de democratización (de Ste. Croix 2004, p. 139).

Vista actual de la Acrópolis de Atenas. Imagen de uso libre

La siguiente reforma de Clístenes fue la más significativa: el Consejo (Boulé). Mientras que Solón había creado el Consejo siguiendo su división de la población en 4 clases de riqueza, Clístenes se decantó por una nueva fórmula para el Consejo, que sería crucial para la creación de la verdadera democracia. Con las 10 nuevas tribus que había creado, Clístenes estableció que el nuevo Consejo quedara formado por 500 miembros, 50 de cada una de las 10 tribus, que realmente representaban a las 139 demoi que componían la población ateniense (Aris. Ath. Pol. 21.3; Thorley 2004, pp. 28-29).

También queda mencionar la forma en la que estos miembros accedían al Consejo. Cada demos proponía a un grupo de miembros por votación, y estos eran posteriormente elegidos de forma aleatoria para servir durante un año como miembros del Consejo, un tipo de elección que hacía la corrupción sumamente complicada debido a la imprevisibilidad de la nueva composición del Consejo (Hansen 1999, pp. 247-248).

Cuando tratábamos las reformas de Solón, habíamos establecido que no se podía considerar al nuevo sistema introducido por este como una democracia debido a las características de su Consejo de 400. Debido a que la composición de esta institución estaba dominada por los más ricos de la sociedad ateniense (y diseñado para que así fuese) en vez de por el pueblo en sí, no podíamos caracterizar la constitución soloniana como democrática. Esta apreciación sigue los argumentos presentados por Aristóteles en su Política, al que ya nos hemos referido anteriormente.

Aristóteles nos dice que el Consejo (Boulé) es la institución más importante de una democracia, puesto que se trata de un cuerpo deliberativo y preparativo para la institución de toma de decisiones, la Ekklesia (Aris. Pol. 1322b12-17). Lo que esto significa es que mientras que la aprobación de las leyes se lleva a cabo en la Ekklesia (formada por todo el pueblo de forma igualitaria), la institución más importante no es esa asamblea, sino aquella que debate y prepara todas las propuestas que se presentarán ante la Ekklesia, siendo imposible hacer una propuesta ante el pueblo sin que antes esta se hubiese aprobado en el Consejo.

Por lo tanto, el grado de democratización, o incluso la posibilidad de caracterizar al estado ateniense como tal, debe decidirse a través de un análisis del Consejo. En Aristóteles vemos una vez más la importancia de esta institución en la extensión de su análisis en su obra, destacado por autores modernos como Hansen (Aris. Ath. Pol. 43.2-49.5; Hansen 1999, pp. 246-247). En cuanto a la constitución de Clístenes, podemos decir sin miedo a equivocarnos que esta es democrática, puesto que la división de la población, que luego servirá como estándar para el acceso al Consejo de 500 era en base a la situación geográfica, y no atendiendo a razones de riqueza o estatus social.

Del resto de reformas de Clístenes no es necesario hablar debido a su poca importancia respecto al proceso de democratización de Atenas, no obstante, una mención especial se merece la introducción del ostracismo. El ostracismo era un proceso por el cual el pueblo de Atenas, mediante una votación, podía expulsar a un hombre cada año de la ciudad por un período mínimo de 10 años. El año en que este procedimiento fue introducido (o por quién) es aun objeto de un intenso debate historiográfico, pero parece plausible que fuese Clístenes quien lo introdujera durante sus reformas (Aris. Ath. Pol. 22.4; de Ste Croix 2004, pp. 182-185).

La importancia de este procedimiento reside en su objetivo (que también sigue siendo debatido a día de hoy). Autores como Hammond han explicado el ostracismo como una herramienta cuyo objetivo era expulsar de la ciudad a todos aquellos relacionados con los Pisistrátidas o su facción que quedasen en Atenas (Hammond 1959, p. 221), lo que le da un tinte de herramienta de lucha aristocrática.

No obstante, este argumento está falto de apoyo en las fuentes antiguas y, como apuntó de Ste Croix, si esta ley pasó con gran apoyo no habría sido necesario, puesto que podrían haber usado dicho apoyo como presión para expulsar a los Pisistrátidas sin necesidad del ostracismo; si en cambio esta ley pasó con poco margen, los aristócratas se ponían a sí mismos en peligro de caer víctimas de este procedimiento (de Ste Croix 2004, p. 191).

Por lo tanto, lo que nos queda es seguir a autores como Jacoby, que argumentó que los historiadores han visto el ostracismo como una institución típicamente democrática, cuyo origen estaba basado en la sospecha y envidia desde el pueblo hacia los aristócratas (Jacoby 1923, p. 120), un argumento apoyado por Aristóteles, que dice que el ostracismo se aprobó a través del recelo hacia los hombres poderosos (Aris. Ath. Pol. 22.3). Siendo esto así, podemos ver como el nuevo régimen era realmente democrático, puesto que el demos estaba forzando la aprobación de una nueva válvula de escape a través de la cual podían expulsar a aquellos aristócratas que consideraban estaban obteniendo demasiado poder e influencia.

Tras este análisis de las reformas de Solón y Clístenes podemos llegar a la conclusión de que la democracia ateniense no nace en 594 a.C. con las reformas de Solón, sino en 508/7 a.C. con la fundación del nuevo régimen introducido por Clístenes tras la dictadura de los Pisistrátidas. Clístenes tomó la constitución soloniana, timocrática en esencia, y la reformó para pasar esta influencia de la que disfrutaban los ricos al demos en general, dando lugar a una verdadera demokratia, en la que el pueblo era dueño del estado. El medio por el que Clístenes logró este objetivo fue, fundamentalmente la división de la población bajo un estándar geográfico y la representación de esta nueva división en la institución más importante del estado, el Consejo de los 500. Por lo tanto, podemos concluir que Clístenes, y no Solón, es el padre de la democracia ateniense.

Bibliografía

Fuentes antiguas:

  • Aristóteles Athenaion Politeia.
  • Aristóteles Política.
  • Diógenes Laercio Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.
  • Heródoto
  • Plutarco Vida de Solón.
  • Tucídides Historia de la Guerra del Peloponeso.

Fuentes modernas:

CAH = The Cambridge Ancient History

  • Boardman, J. and Hammond, N. G. L. (eds) (1982) The Cambridge Ancient History. 2nd edn. Cambridge: Cambridge University Press.
    • Andrewes, A. (1982) “The growth of the Athenian state,” in Boardman, J. and Hammond, N. G. L. (eds) The Cambridge Ancient History. 2nd edn. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 360–391.
    • Andrewes, A. (1982) “The Tyranny of Pisistratus,” in Boardman, J. and Hammond, N. G. L. (eds) The Cambridge Ancient History. 2nd edn. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 392–416.
  • Hammond, N. G. L. (1959), A History of Greece to 322 B.C. Oxford University Press.
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  • Shapiro, H. A. (ed.) (2007), The Cambridge Companion to Archaic Greece. Cambridge: Cambridge University Press.
  • de Ste. Croix, G. (2004). Athenian Democratic Origins: And Other Essays. Oxford: Oxford University Press.
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  • Weber, M., Roth, G., & Wittich, C. (1979), Economy and Society: An Outline of Interpretative Sociology. Berkeley; London: University of California Press.

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